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miércoles, 5 de octubre de 2016

Complejo de Elektra


                                         Mito de Elektra
 

Elektra y Orestes 

 

En la mitología griega, Electra (en griego antiguo Ἠλέκτρα Êléktra) o Laódice era, de acuerdo con la narración homérica, una Atrida —descendiente del rey Atreo— hija de Agamenón y Clitemnestra. Electra se hallaba ausente en Micenas cuando su padre regresó de la Guerra de Troya y fue asesinado (junto con Casandra, su concubina) por Egisto, el amante de Clitemnestra o por la misma Clitemnestra.
A Orestes, que entonces era un niño, le salvaron su nodriza Arsínoe o Electra, que lo llevaron a Fanote, tras el Monte Parnaso, donde lo confiaron al rey Estrofio.
Cuando se hizo mayor, el oráculo de Delfos ordenó a Orestes que regresara a su patria y vengara la muerte de su padre.4
Según Esquilo, se encontró con Electra ante la tumba de Agamenón, donde ambos habían ido a rendir honras fúnebres a los muertos, se reconocieron y pusieron de acuerdo para que Orestes pudiera vengar a su padre.5
Orestes, después de vengarse (en algunas versiones con ayuda de Electra, en otras de su amigo Pílades), enloqueció y fue perseguido por las Erinias, (o Furias) —la culpa— cuya misión era castigar cualquier trasgresión de los lazos de piedad familiar. Electra no fue acosada por las Erinias.
Orestes se refugió en el templo en Delfos. Aunque Apolo (al cual estaba dedicado el templo délfico), le hubiera ordenado vengarse, fue incapaz de protegerlo de las consecuencias de sus acciones.
Al fin, Atenea lo recibió en la Acrópolis de Atenas y arregló un juicio ante doce jueces áticos.
Las Erinias reclamaron su víctima; él presentó como atenuante las órdenes de Apolo; los votos de los jueces estaban equitativamente divididos, pero Atenea dio su voto de calidad a favor de la absolución.
Más tarde Electra se casó con Pílades, amigo íntimo de Orestes e hijo del rey Estrofio.


                                               Complejo de Elektra 





Es aquel que hace que la niña sienta una atracción afectiva hacia su padre. Aquel no es tan palpable como el Edipo por la simple circunstancia de que las pequeñas tienen tal relación emotiva con sus madres que no llegan a establecer de manera tan abierta ese rechazo o competitividad con ellas.
Entre los tres y los siete años es cuando también tiene lugar el citado complejo que lleva a que frecuentemente la pequeña en cuestión llegue incluso a manifestar que se quiere casar con su papá. No obstante, pasado ese tiempo el mismo desaparecerá y la niña comenzará otra fase en la que su madre es su modelo a seguir.

Complejo de Edipo



                                        

                                         Mito de Edipo 

Edipo y la Esfinge de Gustave Moreau (1864)

Edipo (en griego antiguo Οἰδίπους, cuyo significado es pies hinchados ) era un rey mítico de Tebas, hijo de Layo y Yocasta que, sin saberlo, mató a su propio padre y desposó a su madre.

Layo, rey de Tebas, había recibido el oráculo de que si engendrase alguna vez un hijo, el niño, una vez adulto, le daría muerte. Sin embargo, estando ebrio, se unió a su esposa Yocasta, y tuvo un hijo. Al nacer el niño, Layo le atravesó con fíbulas los pies y lo entregó a un pastor para que lo abandonara. Layo esperaba escapar así del oráculo puesto que matarlo directamente habría sido una impiedad y creía que nadie recogería a un recién nacido con los pies atravesados. Así pues, fue abandonado en el monte Citerón pero fue hallado por otros pastores que lo entregaron al rey Pólibo de Corinto. Peribea o Mérope, la esposa de Pólibo y reina de Corinto, se encargó de la crianza del bebé, llamándolo Edipo.

Al llegar a la pubertad, Edipo, por habladurías de sus compañeros de juegos, sospechó que no era hijo de sus pretendidos padres. Para salir de dudas visitó el Oráculo de Delfos, que le auguró que mataría a su padre y luego desposaría a su madre. Edipo, creyendo que sus padres eran quienes lo habían criado, decidió no regresar nunca a Corinto para huir de su destino. Emprendió un viaje y, en el camino hacia Tebas, Edipo se encontró con Layo, que viajaba a Delfos, en una encrucijada. El heraldo de Layo, Polifontes ordenó a Edipo que le cediera el paso pero ante la demora de éste, mató a uno de sus caballos. Edipo se encolerizó y mató a Polifontes y a Layo sin saber que era el rey de Tebas, y su propio padre.

Más tarde Edipo encontró a la esfinge, un monstruo enviado por Hera que se había aposentado en el monte Ficio y daba muerte a todo aquel que no pudiera adivinar sus acertijos, incluido Hemón, el hijo de Creonte y atormentando al reino de Tebas. Al acertijo de: «¿cuál es el ser vivo que cuando es pequeño anda a cuatro patas, cuando es adulto anda a dos y cuando es mayor anda a tres?», Edipo respondió correctamente que es el hombre puesto que cuando es un bebé gatea, camina con sus dos piernas cuando es adulto y cuando es anciano se apoya sobre un bastón. Había también otro acertijo: «Son dos hermanas, una de las cuales engendra a la otra y, a su vez, es engendrada por la primera». Edipo contestó: el día y la noche.Furiosa, la Esfinge se suicidó lanzándose al vacío y Edipo es nombrado el salvador de Tebas.

Como premio, Edipo fue nombrado rey y se casó con la viuda de Layo, Yocasta, su verdadera madre. Al saber Yocasta que Edipo era en realidad su hijo, se dio muerte, colgándose en el palacio. En versiones alternativas, siguió viviendo hasta que en el ataque de los siete contra Tebas sus hijos se dieron muerte el uno al otro, momento en el que ella se suicidó.Edipo se quitó los ojos con los broches del vestido de Yocasta, huyó o fue exiliado de Tebas, o fue encerrado por sus hijos en el palacio, o siguió reinando en Tebas por algún tiempo. Maldijo a sus hijos Polinices y Eteocles y sólo su hija Antígona le acompañaba en su destierro para servirle de guía.

Complejo de Edipo 

 

Es aquel que hace que un pequeño, en la etapa que va desde los dos hasta los siete años, sienta un rechazo normal e inconsciente hacia lo que es su progenitor del mismo sexo. Así, por ejemplo, hay niños que se sienten atraídos por su madre y rechazan, por otro lado, a su padre.

Eso se traduce en el que el citado niño sea muy posesivo con su progenitora, le reclame mimos constantes así como una continua atención. Un hecho este que incluso le llevará a entrar en la habitación de sus padres sin llamar con el claro objetivo de evitar todo tipo de intimidad entre los mismos.
Una circunstancia aquella que, con el paso del tiempo, irá desapareciendo a medida que el pequeño en cuestión se vaya identificando con el progenitor de su mismo sexo.